Sandra Patricia Fernández
Que fascinante la historia, de tan excelso país.
en la belleza de su tierra los ecos errantes viajaron,
con los antiguos etruscos, su grandeza, alcanzaron;
aunque opacados salieron, cuando nació la nobleza,
con firmeza y esplendor,
de una Roma con valor.
Bajo su mando, uno solo se hizo el mar,
desplegó el ingenio, el derecho y la lengua,
un legado sagrado que jamás menguó;
con su poderoso despliegue,
el mediterráneo unificó
y el gran conocimiento, las puertas encontró.
Mas cayó el gigante y el caos se formó,
entre invasiones y fragmentos,
La caída del imperio llegó.
Con las invasiones germanas
La estructura se rompió,
Surgieron las ciudades con un nuevo fervor,
defendiendo su suelo con todo su valor.
Brotó la luz de una nueva era,
el Renacimiento su sueño trazó,
y en arte y la ciencia, cual fiel simiente, la mano del genio la vida diseñó.
Floreció el saber en los itinerantes,
uniendo en un alma cada rincón,
pues de aquel viaje de hombres errantes
nació el espíritu de una nación."
Con Garibaldi y Cavour,
el siglo diecinueve halló su unión,
proclamando con fuerza y con pasión
la Italia señorial hacia la victoria partió.
Pero el siglo veinte con su amargura llegó,
la sombra del fascismo con muerte y dolor,
en una oscura senda los envolvió,
a las naciones en su locura contagió
y con las guerras colapsó.
Mas tras la contienda, la luz floreció,
ante el derecho la monarquía cedió,
con paso estrecho una República, nació,
y con ella al destino venció.
"Hoy el arte y la industria son destellos,
de una luz que no deja de brillar;
es Italia que llama al despertar,
es su alma grabada por el paso de un cincel.
Su gran transformación ha sido total,
erudición que el mundo ha de admirar;
pues no hay gloria que pueda comparar,
al ejemplo de su brillo inmortal."


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