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"Mayo para encontrarse". Autor Nestor Monterrosa

 

 

 

 

 

MAYO PARA ENCONTRARSE

 

 

Corren los primeros días del mes de marzo, dos personas casi que solas en la sala de espera de un aeropuerto, están frente uno del otro, pero en sillas distintas y puertas de embarques también diferentes que marcan el destino de sus vuelos a distintos lugares, ese momento producto de una casualidad por retrasos en el itinerario.

La espera de Él se da con la lectura de un libro, lo sostiene a media altura, desde el frente solo se deja 

ver la parte superior de su rostro escasamente los ojos, lo tiene en su mano derecha, marca el control de la lectura en la página que lee con los dedos pulgar y anular. Es un libro póstumo con cierta controversia respecto de su autoría, la que se atribuye a un escritor reconocido ya fallecido, uno de los favoritos de Nicolas; es la historia de una mujer mayor con experiencias particulares de vida, con un reinicio y descubrimiento en cada viaje.

Ella se llama Alicia, y a su lado se observa una vela aromática, es una de las que le gusta mucho, una combinación de lavanda y vainilla con algunas notas de bergamota, una fragancia llena de suavidad y calma. Alicia observa con cuidado la pasta del libro y trata desde los 2 metros que los separan, precisar el autor, él nota la mirada escudriñadora de ella, y con el pequeño atisbo de sus ojos, que es lo que medianamente ella puede ver, cierra el libro, lo baja y pregunta “lo conoces, lo podemos conversar si quieres”.

Ella lo mira y solo con voz medio nerviosa atiende la situación con un “?cómo?” y continúa “ que pena no quería molestar su lectura” a lo que él, con una sonrisa liviana le dijo “tranquila, no lo haces, solo que 

noté hace un par de minutos que observas con detenimiento el libro” y puntualizó “si quieres lo podemos conversar” entonces Nicolas notó la vela al lado de Alicia, y no dudó en preguntar “te gustan las velas, que bien, pues mira” señalando un lugar a una distancia de donde estaban “nos podemos tomar un café allá, tú me cuentas de las velas y yo te cuento del libro” y concluyó la propuesta “¿te gusta el café?” Alicia solo acentuó con la cabeza y una sonrisa como cuando un niño al destapar una envoltura de caramelo descubre que es su sabor favorito.

Ambos tomaron las cosas que los acompañaban y se dirigieron al lugar, ambos pidieron un café cargado sin azúcar, el pidió un cheessecake de frutos rojos, ella una torta de chocolate, al final terminaron compartiendo sus tortas, entre otras cosas más.

 

  Él tuvo la iniciativa sobre la dinámica de la conversación propuesta, sin saber que solo serían algunas palabras porque el resto de los 60 minutos que estuvieron allí reunidos Alicia fue quien lo dijo todo, con 

la complacencia de él, sin darse cuenta le resultaba extremadamente agradable escucharla, parecía que 

con cada palabra la sentía, la conocía de otros tiempos, de otras vidas y del alma, pero lo más notable 

para Nicolas y que solo lo vino a sentir cuando en el avión recostó la cabeza y miró por la ventana, Alicia lo había descubierto a él, con cada palabra lo había llevado a un estado ideal de ensoñación, lo cautivó a tal modo que no en menos de dos ocasiones sintió déjà vu con esa mujer, sintió que los lunares cerca de 

su boca ya habían hecho tránsito por el camino de su vida.

“es la historia de una mujer, pero lo que más me agrada es la expectativa por cada viaje, ella hace un 

viaje cada año, y en cada viaje se habla de un libro y se articula el contexto del momento con una canción. Me he sentido casi que, en alguno de esos bailes, es una mujer que se redescubre con cada situación, 

jajaja me tiene atrapado” expuso Nicolas y ella con un gesto grácil que dio cierta luminosidad a su 

cabello medio desordenado y con la apariencia de un sol en esa noche fría, lo interrumpió con sutileza y preguntó “¿es una mujer casada?” Nicolas quedo mudo y a modo retorico dijo “no, ya la has leído y yo haciendo relatos subjetivos” ella inmediatamente contestó “no, no, no la he leído solo que quisiera que

 sea una mujer casada” Nicolas atendió el asunto con duda y curiosidad “sí, es la historia de una mujer casada”.

Sin darse cuenta, Alicia empezó hablar de su vida, habló de sus pasiones, de su conexión con lo sensorial y lo estético, de la armonía que debían tener los espacios, de su amor por las orquídeas, por su belleza exótica y delicadeza, pero también era una mujer fuerte como su signo, apasionada por la vida, por el ahora, por dejarse llevar por los despertares del alma, porque para Alicia la trascendencia del descubrimiento no se limitaba a la piel, era algo que estaba debajo de ella y que incluso a veces se necesitan 100 vidas para entenderlo, pero parecía para Nicolas que ya ella sabía el secreto.

Nicolas con cada palabra de Alicia se sentía más cercano a ella, iban 54 minutos del tiempo que ese espacio y la coincidencia le habían regalado, quizás el universo; minutos en donde el solo habló 10, pero hasta ese punto de la conversación sintió algo; sintió como todas las historias de sus libros llegaban allí como en el final de él Gran pez, como Florentino en el encuentro final con Fermina, algo que iba más allá de lo físico y lo sensual, algo que rebasaba los designios del tiempo, algo que era el destino de dos almas destinadas a ser cuanto debían ser.

     En un estado onírico mientras la escuchaba sentía que su cuerpo se elevaba para encontrarse descubierto finalmente como en la insoportable levedad del ser, como el hombre que dejaba la sombra al entrar a la ciudad misteriosa, por dentro su universo se estrujaba y por fuera trataba de mantener la calma.

Al minuto 55 el aviso a abordar la interrumpió, él con mucha presteza solo atinó a decirle, creo que se acabó nuestro tiempo, pero podemos procurarnos más, ella no musitó palabra mientras él anotaba algo en el libro, se lo dio y ambos salieron corriendo a sus destinos, mientras se perdían en las filas y se seguían con las miradas; Alicia leyó en las primeras páginas del libro.

Citaba un poema de Whitman “Oh, mi yo, la triste pregunta que vuelve ¿qué hay de bueno en todo esto? Y la respuesta: que estas aquí, que existen la vida y la identidad, que prosigue el poderoso drama y que quizás tu contribuyes a él con tu rima… nos encontramos en mayo” y seguía el número de contacto de Nicolas, Alicia mientras levantaba la mirada sonreía, y alcanzó a verlo una última vez, él esperaba su mirada; como algo confabulador por unos segundos se dio un silencio impensado para el lugar y entonces el gritó “En Mayo Alicia” ella volvió a reír pero ahora con cierta vergüenza y luego ambos se perdieron en las filas de sus vuelos.

 

Néstor Monterrosa

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