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La Mujer de los puntos suspensivos - Néstor José Monterrosa López,

 

 

 


 

¿Como nacen y se cuentan las historias, como se desarrollan? pero 

sobre todo ¿cómo terminan?, acaso la subjetividad del lector 

puede exponer en grados significativos la intención del autor como 

en Rayuela de Cortázar; pero y qué tal si una historia no dependa de

 lo que se dice, sino de aquello que no se expone, una historia de 

puntos suspensivos.

Esta es la historia de una Mujer a quien llamaremos Naomi, es alegre; 

de temperamento; expresiva por demás, pero sobre cualquier adjetivo 

es soñadora y sentimental; no es del tipo de personas que se afianza en

 el idilio de una vida como de cuentos de hadas, porque ya lo tuvo y

 el cuento terminó, por ello su pregunta ese día fue ¿y como terminan 

las historias?

Pues Naomi era una mujer de puntos finales, a lo sumo puntos 

seguidos, pero de esos que son los que se articulan en un mismo 

párrafo, como cuando te cambias de ciudad o de país, pero la vida 

sigue siendo la misma, nada extraordinario.

Pues allí estuvieron después de muchos años sus primeros 

puntos suspensivos, luego de que alguien que llevaba a su lado años 

quiso dejar un paréntesis un poco incómodo bajo el supuesto de la 

falta de capacidad individual de Naomi, así descubrió ella que no era 

el personaje determinante en la historia.

Curiosamente Naomi sin saberlo fue quien presentó el punto final de 

esa historia, un punto doloroso, y de allí nacieron las dudas, 

las incertidumbres, los puntos suspensivos, y con ellos los retos, 

las expresiones definitivas que incluso significaron reiniciar la vida.

Naomi sin más que sus raíces, encontró en notas al pie fuerza y valor 

para comenzar una nueva historia, una más suya, aunque la otra 

también la creyó así, sin embargo, esta era en primera persona y 

por exclusiva participación, escrita por ella, y sobre todo y más importante para quien la lea, vivida a plenitud por ella.

La libertad algunos la entienden como una posibilidad ligada a 

decisiones, quizás otros la asocian a hechos que resultan propios de 

la voluntad y que se exponen al exterior, la libertad en una 

sociedad como esta parece ser más una herramienta que deriva en

 las manipulaciones de las ideas y de hechos prescritos por las tendencias.

La verdadera libertad para Naomi empezó cuando supo que 

lo importante es el encuentro consigo misma, desde adentro, como

 las cosas esenciales de la vida, las que vienen desde la conciliació

entre la mujer del presente y todas sus versiones del pasado, con todas 

sus decisiones, vidas y hechos, con todos los puntos suspensivos que 

ahora entendía el porqué.

Naomi emprendió una nueva vida, una búsqueda de ella y su 

propio espacio y entonces los puntos suspensivos adquirieron 

un significado particular según la situación; eran suspiros, eran deseos

 no cumplidos, de dificultad, de deseos por cumplir, de expectativas, 

de vida por vida, de puntos que arrastran la aparente consecuencia 

de las palabras que le preceden, también eran de los anhelos e ideas 

que le siguen; lo que no está escrito queda a la imaginación del lector, Naomi estaba leyendo en primera persona su vida.

Empezó a ser un Girasol en búsqueda de su sol, distinto de la historia de 

la mitología de un amor no correspondido, esta era una historia 

de complicidad, de ofrecer su tez delicada y suave al cariño abrazador de la luz que matizaba la tonalidad de su ser, de su piel, de su alma, 

la difícil sencillez de lo extraordinario.

Empezó a encontrar el sol ocultándose en las faldas del mar, en 

el agradable sonido de las olas que le susurraban los secretos de su

 nueva vida, de un mar cálido y brumoso, curiosa metáfora de su vida 

con un astro que se impone y que recuerda que en el horizonte siempre estará la luz, donde también se afinca su fe y el amor por él.

La vida de vez en cuando suele ceñirse en dificultades, en tropiezos 

que golpean el alma y las ganas por ella, incluso al punto de sentirla 

que te abandona, pero para algunas personas la muerte puede esperar

 y el nuevo despertar se convierte en revelador, la vida deja de ser 

un oficio como lo expone Pavese y se convierte en un arte que se 

purifica y se hace día con día.

En una apacible tarde de noviembre, Naomi se encaminó a un 

encuentro íntimo con ella misma, el lugar escogido un sitio en las 

laderas de una montaña, con un clima que invita a los 

abrazos desprevenidos, pero con ganas.

Pidió una copa de vino, tinto, se cubrió con la bufanda de lana 

color crema que llevó para el frio agradable del lugar, se abrazó

esperó con paciencia que cayera la tarde, su mirada fija en la ciudad 

que a lo lejos iba encendiendo de a poco su brillo, entre 

helechos, sotobosques y alguna especie que ella quiso llamar

 sábila gigante; en ese momento se reclinó sobre su mesa, como quien 

se dispone a contemplar el tiempo y el olor de la tierra fresca 

mezclado con hierva en crecimiento.

Estaba en silencio descubriendo el mundo y de repente como las 

aguas de un mar sereno que abrazan los pies, alguien tocó su hombro

 y luego señaló el mensaje que se encontraba plegado en el 

porta servilletas donde se leía la libertad es lo extraordinario que le 

da sentido a la vida ella volteo...

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