¿Como nacen y se cuentan las historias, como se desarrollan? pero
sobre todo ¿cómo terminan?, acaso la subjetividad del lector
puede exponer en grados significativos la intención del autor como
en Rayuela de Cortázar; pero y qué tal si una historia no dependa de
lo que se dice, sino de aquello que no se expone, una historia de
Esta es la historia de una Mujer a quien llamaremos Naomi, es alegre;
de temperamento; expresiva por demás, pero sobre cualquier adjetivo
es soñadora y sentimental; no es del tipo de personas que se afianza en
el idilio de una vida como de cuentos de hadas, porque ya lo tuvo y
el cuento terminó, por ello su pregunta ese día fue ¿y como terminan
las historias?
Pues Naomi era una mujer de puntos finales, a lo sumo puntos
seguidos, pero de esos que son los que se articulan en un mismo
párrafo, como cuando te cambias de ciudad o de país, pero la vida
sigue siendo la misma, nada extraordinario.
Pues allí estuvieron después de muchos años sus primeros
puntos suspensivos, luego de que alguien que llevaba a su lado años
quiso dejar un paréntesis un poco incómodo bajo el supuesto de la
falta de capacidad individual de Naomi, así descubrió ella que no era
el personaje determinante en la historia.
Curiosamente Naomi sin saberlo fue quien presentó el punto final de
esa historia, un punto doloroso, y de allí nacieron las dudas,
las incertidumbres, los puntos suspensivos, y con ellos los retos,
las expresiones definitivas que incluso significaron reiniciar la vida.
Naomi sin más que sus raíces, encontró en notas al pie fuerza y valor
para comenzar una nueva historia, una más suya, aunque la otra
también la creyó así, sin embargo, esta era en primera persona y
por exclusiva participación, escrita por ella, y sobre todo y más importante para quien la lea, vivida a plenitud por ella.
La libertad algunos la entienden como una posibilidad ligada a
decisiones, quizás otros la asocian a hechos que resultan propios de
la voluntad y que se exponen al exterior, la libertad en una
sociedad como esta parece ser más una herramienta que deriva en
las manipulaciones de las ideas y de hechos prescritos por las tendencias.
La verdadera libertad para Naomi empezó cuando supo que
lo importante es el encuentro consigo misma, desde adentro, como
las cosas esenciales de la vida, las que vienen desde la conciliación
entre la mujer del presente y todas sus versiones del pasado, con todas
sus decisiones, vidas y hechos, con todos los puntos suspensivos que
ahora entendía el porqué.
Naomi emprendió una nueva vida, una búsqueda de ella y su
propio espacio y entonces los puntos suspensivos adquirieron
un significado particular según la situación; eran suspiros, eran deseos
no cumplidos, de dificultad, de deseos por cumplir, de expectativas,
de vida por vida, de puntos que arrastran la aparente consecuencia
de las palabras que le preceden, también eran de los anhelos e ideas
que le siguen; lo que no está escrito queda a la imaginación del lector, Naomi estaba leyendo en primera persona su vida.
Empezó a ser un Girasol en búsqueda de su sol, distinto de la historia de
la mitología de un amor no correspondido, esta era una historia
de complicidad, de ofrecer su tez delicada y suave al cariño abrazador de la luz que matizaba la tonalidad de su ser, de su piel, de su alma,
la difícil sencillez de lo extraordinario.
Empezó a encontrar el sol ocultándose en las faldas del mar, en
el agradable sonido de las olas que le susurraban los secretos de su
nueva vida, de un mar cálido y brumoso, curiosa metáfora de su vida
con un astro que se impone y que recuerda que en el horizonte siempre estará la luz, donde también se afinca su fe y el amor por él.
La vida de vez en cuando suele ceñirse en dificultades, en tropiezos
que golpean el alma y las ganas por ella, incluso al punto de sentirla
que te abandona, pero para algunas personas la muerte puede esperar
y el nuevo despertar se convierte en revelador, la vida deja de ser
un oficio como lo expone Pavese y se convierte en un arte que se
purifica y se hace día con día.
En una apacible tarde de noviembre, Naomi se encaminó a un
encuentro íntimo con ella misma, el lugar escogido un sitio en las
laderas de una montaña, con un clima que invita a los
abrazos desprevenidos, pero con ganas.
Pidió una copa de vino, tinto, se cubrió con la bufanda de lana
color crema que llevó para el frio agradable del lugar, se abrazó y
esperó con paciencia que cayera la tarde, su mirada fija en la ciudad
que a lo lejos iba encendiendo de a poco su brillo, entre
helechos, sotobosques y alguna especie que ella quiso llamar
sábila gigante; en ese momento se reclinó sobre su mesa, como quien
se dispone a contemplar el tiempo y el olor de la tierra fresca
mezclado con hierva en crecimiento.
Estaba en silencio descubriendo el mundo y de repente como las
aguas de un mar sereno que abrazan los pies, alguien tocó su hombro
y luego señaló el mensaje que se encontraba plegado en el
porta servilletas donde se leía “la libertad es lo extraordinario que le
da sentido a la vida” ella volteo...

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